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Ermita del Humilladero
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Ermita del Humilladero

La Ermita del Humilladero es lo único que queda de los jardines del duque de Lerma, un paraíso de recreo que se extendía por la vega del Arlanza con estanques, cisnes, fuentes de alabastro y siete ermitas. Rezar en las siete garantizaba el perdón de los pecados por bula papal. Hoy solo sobrevive esta, discreta y cerrada junto al camino, con su portada de sillería y su puerta claveteada.

Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?

La construcción es sencilla, así que lo que hay que ver es lo que representa:

  • La única de siete: el duque construyó cinco ermitas nuevas en sus jardines y rehabilitó otras dos, sumando siete en el soto. Esta es la única que sigue en pie.
  • La portada de sillería: arco de medio punto enmarcado por moldura, cornisa corrida y una recia puerta de madera claveteada con herrajes. Austeridad herreriana en formato mínimo.
  • El emplazamiento: junto al paso del Arlanza, en el punto por donde el Camino Real que unía Madrid con Burgos y con Francia cruzaba el río.
  • Los paneles interpretativos: dos carteles a pie de calle reconstruyen los jardines desaparecidos con el plano del conjunto palacial y señalan dónde estaba cada cosa.

¿Cuánto tiempo se necesita para ver la Ermita del Humilladero?

Quince minutos: ver la ermita, leer los dos paneles y asomarse al entorno del río imaginando lo que hubo. Está en la parte baja, junto al puente, así que llegar implica bajar el cerro y volver a subir. Merece la pena encadenarla con el paseo hasta el Arlanza.

¿Qué eran los jardines del duque de Lerma?

Un capricho de proporciones asombrosas. En las riberas del Arlanza, el valido de Felipe III mandó crear un parque de recreo, caza y esparcimiento para él y sus invitados nobles, que según las crónicas incluía fuentes de alabastro con juegos de agua, estanques con peces, cisnes y aves acuáticas, embarcaderos en el río, figuras de mármol, huertas, cenadores, paseos cubiertos y caminos arbolados, además de un coto privado de caza. Todo ello con las siete ermitas repartidas entre la vegetación.

Los jardines conservaron su aspecto señorial hasta el siglo XIX, y varios cronistas que pasaron por Lerma los mencionaron en sus relatos de viaje. Hoy no queda absolutamente nada de ellos, salvo esta ermita. Lo que hay reconstruido procede de los estudios del arquitecto Cervera Vera, cuyo plano puede verse en el panel informativo.

¿Por qué rezar aquí perdonaba los pecados?

Porque el duque consiguió que un papa lo dijera por escrito. En 1609, Paulo V concedió a los fieles que rezaran en cada una de estas siete ermitas las mismas indulgencias de las que gozaban quienes visitaban las siete iglesias de Roma. Dicho de otro modo: los invitados del duque podían expiar sus pecados dando un paseo por el jardín, sin necesidad de peregrinar hasta Italia.

Es probablemente el detalle que mejor retrata al personaje. El mismo hombre que se hizo construir pasadizos elevados para no pisar la calle, y que estuvo a punto de convertir su colegiata en catedral, obtuvo también el perdón de Roma a domicilio para su finca de recreo. Cuando mires esta ermita modesta, ten en cuenta que fue una de las siete estaciones de un vía crucis de lujo.

¿Se puede entrar en la Ermita del Humilladero?

No de forma habitual: la puerta permanece cerrada y el recinto queda delimitado por un muro. Es un elemento para ver desde fuera, y conviene saberlo antes de bajar. Lo que sí encontrarás son los dos paneles interpretativos instalados junto a ella, uno de la serie clásica del Paseo por la Villa Ducal y otro más reciente, ambos con textos en español, inglés y francés. Si te interesa el interior, la oficina de turismo es donde preguntar.

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